El mercado, mi brújula
Aprender a comprar en el mercado fue lo que más cambió mi forma de comer. No por filosofía: por sabor, por dinero, por tiempo.
Llevo cinco años yendo al mercado de Atarazanas los sábados por la mañana. He aprendido más de cocina hablando con María, la frutera, que en cualquier libro. Aquí te cuento lo que merece la pena en cada estación.
Junio: la abundancia empieza
Los tomates ya saben a tomate. Llegan los albaricoques, los primeros melocotones y las cerezas del Jerte. Las judías verdes están tiernas, los calabacines son pequeños y dulces, y las sardinas están en su mejor momento.
Mi cesta de esta semana
- 1 kg de tomates pera para gazpacho
- 500 g de albaricoques (mitad para comer, mitad para mermelada)
- Un manojo de acelgas de hoja tierna
- Sardinas frescas, las que más brillen
- Un melón piel de sapo pequeño
- Almendras crudas a granel
Cómo elegir bien sin sentirte perdida
Tres reglas que aprendí a base de equivocarme:
- Mira primero, pregunta después. Da una vuelta entera antes de comprar. Los precios y la calidad varían mucho de un puesto a otro.
- Compra lo que está apilado. Lo que hay en abundancia es lo de temporada, y suele ser lo más barato y sabroso.
- Habla con los vendedores. Pregúntales qué cocinarían ellos hoy. Te darán la mejor receta que oirás en años.
El mercado no es solo un lugar para comprar comida. Es la última plaza pública donde todavía nos miramos a los ojos.